Sales de Albacete por la CM-3203 y durante media hora todo es llanura tranquila. Luego la carretera empieza a rizarse, el paisaje se rompe en cortados de roca y, de repente, en una curva cerrada, el mundo se abre bajo tus pies: allá abajo, encajado en un meandro del río y con un anfiteatro de paredes calizas a su espalda, aparece Aýna (también escrito Ayna), el pueblo al que aquí llamamos con toda la razón "la Suiza Manchega".
Como apasionado de las rutas por nuestra provincia, te aseguro que pocos sitios provocan ese "¡para, para!" tan inmediato. Aýna es agua, huerta, vértigo y cine. Sí, cine: este rincón de la Sierra del Segura es el escenario de una de las películas más queridas de la historia reciente de España. Prepara la cámara, calza cómodo y baja despacio, que vamos allá.
El Mirador del Diablo y la primera bofetada de vértigo
Antes de pisar el pueblo ya te habrá conquistado. La bajada hacia Aýna es un rosario de curvas con vistas, y en cada una tienes que resistir la tentación de parar. Hazlo, pero solo donde haya apartadero señalizado.
El más famoso es el Mirador del Diablo, en la parte alta del casco urbano, al que se accede por unas escaleras que ya has visto desde la carretera. Desde su balcón, el pueblo queda a tus pies como una maqueta de tejados blancos apretados contra la montaña, con las huertas dibujando cuadros verdes junto al cauce.
Pero hay más: el Mirador de Las Mayas, junto a los restos del antiguo castillo; el que se asoma al Balcón del Mundo; y el mirador que preside la calle principal, al que se llega por un callejón estrechísimo que pasa literalmente por debajo de la roca. Aýna es un pueblo que se recorre mirando hacia arriba y hacia abajo a partes iguales.
"Amanece, que no es poco": el pueblo que se convirtió en plató
En 1988, el director albaceteño José Luis Cuerda eligió estas montañas para rodar Amanece, que no es poco, una comedia surrealista que empezó siendo de culto y ha terminado siendo patrimonio sentimental de varias generaciones. Aýna, junto a Liétor y Molinicos, se convirtió en el escenario de aquel universo delirante de hombres que brotan de la tierra y vecinos que se echan a suertes los papeles del pueblo.
Aýna concentra la mayor cantidad de localizaciones de la película: catorce puntos señalizados con carteles que indican qué escena se rodó exactamente en cada lugar. En la Oficina de Turismo te dan un callejero con todas ellas, y también organizan visitas guiadas. Como la mayoría están al aire libre, puedes recorrerlas a tu ritmo a cualquier hora.
La foto obligatoria: en el Mirador de la Rodea Grande, justo antes de entrar al pueblo, te espera una réplica de la mítica moto con sidecar en la que llegan los protagonistas. Subirse a ella con el valle del río Mundo y la mole de Los Picarzos de fondo es un ritual que no se salta nadie. Si eres muy fan, apunta en la agenda la Quedada Amanecista, que reúne cada mes de junio a cientos de seguidores para recrear escenas por las calles del pueblo.
La Cueva del Niño: arte paleolítico junto al río
Aýna guarda un tesoro que muy poca gente asocia a esta provincia. En una pared del cañón, sobre el río Mundo, se abre la Cueva del Niño, uno de los escasísimos yacimientos con pintura rupestre paleolítica del interior peninsular.
En su interior se conservan representaciones de animales realizadas hace decenas de miles de años, además de restos de ocupación que han dado muchísima información sobre cómo se vivía en estas sierras en plena Prehistoria. Estamos hablando de figuras hechas cuando estos valles eran territorio de cazadores, mucho antes de que existiera cualquier cosa parecida a un pueblo.
Por su fragilidad, el acceso al interior está restringido y no funciona como una visita turística al uso: infórmate en la Oficina de Turismo sobre las condiciones de visita antes de plantearte acercarte. Aun sin entrar, el entorno del yacimiento, con el río abriéndose paso entre paredones, ya vale el paseo.
Cascadas, senderos y un cielo de escándalo
El agua es la razón de ser de este valle, y explica el apodo suizo. Basta con alejarse cien metros del casco urbano para escuchar acequias, saltos y regatos alimentando las huertas colgadas del monte. Estos son los planes que no debes perderte:
- La Cascada de la Toba: un salto de unos veinte metros que cae hacia el río Mundo, escondido y no siempre fácil de encontrar. Su caudal depende mucho de la época del año, así que llega tras un periodo de lluvias si quieres verla en todo su esplendor.
- La ruta a Los Picarzos: la montaña que preside el pueblo. La subida se gana con sudor, pero la panorámica del cañón desde arriba compensa cada escalón.
- El paseo del agua: la zona de las piscinas municipales y los alrededores, entre acequias, pequeñas cascadas y sombra, es el refugio perfecto para los días de calor y un planazo si viajas con niños.
- Noche de estrellas: Aýna es territorio Starlight. Siguiendo las indicaciones de la Ruta de las Estrellas se llega al mirador astronómico del cañón del Mundo, donde la ausencia de contaminación lumínica convierte cualquier noche despejada en un espectáculo.
Nota para el autocaravanista: la bajada a Aýna se hace perfectamente en autocaravana, pero es de curvas cerradas y pendiente sostenida: baja marcha corta, usa el freno motor y no tengas prisa. Dentro del pueblo, las calles del casco antiguo son muy estrechas y empinadas, así que lo sensato es dejar el vehículo en las zonas de aparcamiento de la entrada y recorrerlo a pie. Aýna no cuenta con área de servicio propia, pero tienes opciones muy cerca en la comarca (por ejemplo, el área de acogida de Molinicos, a pocos minutos, y campings en el valle del río Mundo). Consulta siempre antes de salir, porque los servicios cambian de una temporada a otra.
Gastronomía serrana: comida honrada para reponer piernas
Aquí se camina mucho y se sube mucho, así que el apetito llega solo. La cocina de la Sierra del Segura es de cuchara, de caza y de leña, sin adornos innecesarios:
- Gazpachos serranos: nada que ver con la sopa fría; es un guiso caliente y contundente con carne de caza servido sobre torta cenceña.
- Cordero segureño: asado o a la brasa, con una jugosidad que le deben los pastos de estas sierras.
- Migas y ajo de mataero: el recetario de invierno de toda la vida, tan sencillo como reconfortante.
- Los dulces y la miel: hornazos, mantecados y mieles de romero y de monte que se compran en el propio pueblo y duran menos de lo previsto en la despensa de la autocaravana.
¿Por qué venir a Aýna en autocaravana?
Porque Aýna es de esos pueblos que no se entienden en una parada de veinte minutos. La foto del mirador es solo la portada; el libro está abajo, en los callejones que se cuelan bajo la roca, en el rumor de las acequias, en la tarde tirada junto al río y en la noche en la que levantas la vista y ves la Vía Láctea completa.
Además, no viene sola. Desde aquí tienes al alcance de la mano el resto de la Sierra del Segura: puedes seguir hasta Bogarra y su ruta de las esculturas o poner rumbo a Riópar y los Chorros del río Mundo y montarte una ruta de varios días encadenando valles, cascadas y pueblos colgados.
Prepara la nevera, elige tu vehículo y baja despacio esas curvas. Aýna lleva ahí mucho tiempo esperándote, y te aseguro que amanecer en este valle no es poco.
Reserva tu autocaravana en Albacete y arranca la ruta por la Sierra del Segura.